lunes, 8 de diciembre de 2008

Opinion sobre las imagenes

Opinión sobre los astros
La observación de las estrellas así como la de la naturaleza en general es muy antiquísima en las culturas de todo el mundo. No requiere más que un cielo despejado y mirar a lo alto. Saber en que época del año llueve o hace calor -como que tierras o plantas son las convenientes- era importante para la siembra y la cosecha. Así también se podía saber cuando hacerlo y que dirección seguir durante los viajes observando las estrellas.
Las pequeñas luces de los cielos nocturnos estimularon la imaginación de los observadores quienes vieron en la reunión de estrellas diversas formas y figuras ya sea de objetos, plantas, animales y seres humanos como ellos. Para los antiguos griegos habían escorpiones, toros o centauros, para los antiguos nazqueños monos, picaflores o arañas. La diferencia imaginativa estaba marcada por la diferencia de medio ambiente, fauna y flora en la que se desarrollaron ambos pueblos.
Y así saber en que estación del año se debía sembrar o cosechar se llegó a pensar que el nacer en tal o cual mes era determinante en el carácter y destino de los nuevos seres humanos. Pero no solamente en relación a la conducta humana individual sino también en relación al accionar de pueblos enteros se creía que ciertos acontecimientos celestes eran presagios de prontas desgracias para los bebés por nacer, inminentes catástrofes o bienaventuranzas (los eclipses, la aparición de los cometas o la conjunción de planetas o el surgimiento de supernovas). O lo que es peor la aparición de plagas o epidemias achacada a la mera presencia de foráneos.
Era muy conveniente llegar a conocer cual sería el futuro de una nación o qué circunstancias se presentarían durante el transcurso del día, por ejemplo, una batalla. Para eso se recurría a los oráculos, profetas o videntes (Incluso se dice que Hitler tenía los suyos).
Es decir muchos fenómenos atmosféricos, climáticos o meteorológicos y aún patológicos eran interpretados como causados por la ira de los dioses, la mala suerte o como consecuencia de alguna acción humana. A su vez la conducta de las personas se interpretaba como producto de un destino, de una providencia o predestinación divinas o de la acción estelar.
Bibliografía
"Fundamentos del horóscopo. ¿Podemos creer a los Astros?" en MUY INTERESANTE. Bogotá: Editorial Cinco, pp. 50- 4, año 1, n. 2, 1985.